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El cambio de hora nació como un sistema de eficiencia energética que tenía como objetivo aprovechar al máximo el número de horas de luz solar que tenía cada país en función de la época del año.

PepeNuevo

Con el tiempo, los expertos y los ciudadanos se han dado cuenta de que existen otras maneras de ahorrar energía igualmente eficaces (o más) que no tienen tantas consecuencias negativas para nuestro día a día.

Efectivamente, hay países en los que el cambio de hora bianual supone tener que encender menos horas la luz o la climatización pero para otros son más los inconvenientes que las ventajas que se encuentran con este método.

En este post vamos a ver por qué se ahorra con el cambio de hora pero también por qué en algunos países ese ahorro no tiene tanto peso como las consecuencias negativas que provoca.

¿Qué es el cambio de horario?

El cambio de hora es un sistema de ahorro de energía implantado en el siglo XX con el que se pretendían aprovechar al máximo las horas de sol. Consiste en retrasar o adelantar una hora el reloj para que se ajuste más a las horas de luz natural.

El principal objetivo del cambio de hora es adecuar las horas de luz solar al horario laboral de los trabajadores.

En la actualidad este método está siendo muy cuestionado, como veremos más detalladamente, pero en su momento fue una solución que permitía no tener que hacer uso de la energía eléctrica durante tanto tiempo diario.

Ya en 1784, Benjamin Franklin, entonces embajador de Estados Unidos en Francia, propuso una serie de medidas de ahorro de energía que no se tomaron muy en serio en la época pero que fueron el punto de partida para que en 1884 se hablase en la Conferencia Internacional sobre el Meridiano, celebrada en Washington, de la necesidad de establecer unos husos horarios a nivel mundial para ahorrar energía.

La primera vez que se aplicó este método fue en la I Guerra Mundial, pero después se olvidó este sistema hasta que llegó la crisis del petróleo de 1973.

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¿Cuándo se cambió la hora en España?

En España, coincidiendo con esa crisis del petróleo y energética, se cambió la hora por primera vez en 1974. Pero la cuestión es que nuestro país no tenía un horario ajustado realmente a sus horas de sol u oscuridad, pues en 1940 el dictador Francisco Franco decidió aleatoriamente que España tuviera el mismo huso horario que la Alemania de Adolf Hitler. 

Eso significa que nuestro país no comparte huso horario con países vecinos como Portugal, Francia o Reino Unido, que sí se encuentran en la misma longitud, más próximos al meridiano de Greenwich.

En los años ochenta (1984), una directiva europea obligó a los países miembros a cambiar la hora dos veces al año, para ahorrar energía, pero eso implicó para España que no siempre se adecuaba su horario a la luz natural, de ahí el debate sobre la conveniencia de recuperar su huso horario original.

La Unión Europea aprobó recientemente la eliminación del cambio horario porque este sistema de ahorro en electricidad no siempre es tan efectivo como se pretendía. Puso como fecha 2021, pero dejó la decisión de quedarse con el horario de verano o con el de invierno en manos de cada país. Había que comunicarlo en abril de 2020, pero la pandemia podría haber retrasado este plan y, pese al debate, España aún no ha decidido si se quedará con el horario de sus países vecinos o con el huso horario de Berlín. Y es que ese desfase horario de nuestro país complica todavía más la posición de España sobre el cambio de horario que se realiza de forma bianual.

¿Cuándo es el cambio de hora?

La Directiva Europea 200/84 CE obligó a los países miembros de la Unión Europea a cambiar la hora dos veces al año, adaptándose al horario de invierno o de verano, según correspondiera, para ajustarse a las horas de luz natural.

En función de la época del año, los días son más cortos o más largos, por lo que unas veces el cambio de hora es beneficioso y, otras, no tanto.

En España, por ejemplo, el número de horas de sol es bastante más amplio que en otros países. Así, varía entre las diez horas de luz natural que se pueden disfrutar en invierno y las catorce que se pueden llegar a tener en verano. El ahorro en calefacción en un país mediterráneo no será igual que en el de un país del norte de Europa, por ejemplo.

El cambio de hora supone añadir una hora una de las veces y restarla en el otro cambio de horario, por lo que así se compensa también el desfase a lo largo del año.

¿Cuándo es el cambio de horario cada año?

Como sabemos, los días son más largos que las noches en verano y en invierno pasa lo contrario. Por eso, para que la adaptación al cambio de horario sea eficiente, los cambios de hora se realizan para ir adaptándose a las épocas del año en las que vamos notando que los días se alargan o se acortan. ¿Cuándo es eso?

  • En primavera, el último fin de semana del mes de marzo. En este caso, la hora se adelanta, por lo que se pierde una hora, es decir, a las 02:00 horas de la madrugada, el reloj se pone en las 03:00 horas.
  • En otoño, el último fin de semana del mes de octubre. En este caso, la hora se retrasa, por lo que se tiene una hora más, es decir, a las 03:00 horas de la madrugada, el reloj se pone de nuevo en las 02:00 horas.

¿El cambio de hora es mundial?

Desde 1984 hasta ahora, la Unión Europea ha obligado a los países miembros a cambiar la hora dos veces al año pero, como te hemos dicho, eso va a cambiar a partir de 2021.

Eso del cambio de hora se va a terminar y, ciertamente, esta medida de ahorro de energía no se aplica en todas partes.

No todos los países del mundo cambian de hora. Esta práctica se realiza, sobre todo, en Europa y América del Norte y no se hace en los mismos días del año. Pero no es un sistema que se utilice en Sudamérica, Centroamérica, África o Asia.

Se dan casos muy particulares, como ocurre con el desfase de España dentro de la Unión Europea. En Estados Unidos también es obligatorio el cambio horario, excepto en Arizona y Hawaii. Sin embargo, países como Rusia y Turquía actualmente mantienen sus horarios fijos.

Según datos de National Geographic, sólo el 40% de los países del mundo ajustan sus relojes a las horas de luz del invierno o del verano.

Eso tiene una explicación muy sencilla: no en todos los países se nota tanto la diferencia del número de horas de día o de noche. Veamos dos ejemplos claros:

  • En los países cercanos al ecuador no merece la pena cambiar el horario porque la diferencia de horas entre luz y oscuridad es mínima en invierno y verano.
  • En los países que están más al norte del hemisferio tampoco es necesario cambiar la hora porque la diferencia de horas de día y noche entre invierno y verano es muy extrema y nada ganan con una hora más o menos de luz. Aun así, hay países que realizan el cambio al horario de invierno y al horario de verano cada año.

Cambio de hora en España

Cuando en 2018 la Unión Europea abrió el camino para que el cambio de hora dejara de ser obligatorio, en España surgió con fuerza ese debate de si los cambios de hora para ahorrar energía eran verdaderamente eficientes o si, por el contrario, lo mejor sería adaptar la hora al huso horario de nuestro país y no mover más las manijas del reloj.

Ni siquiera los expertos se ponían de acuerdo en qué decisión era mejor para nuestro país. ¿Cambio sí o no? Y, en caso de que no se cambiara la hora, ¿mejor el horario de verano o el de invierno?

En cualquier caso, cambio de hora y energía deben ir de la mano, por lo que lo más complicado es determinar qué sería más beneficioso para España en esos términos.

La cuestión es tan importante que incluso se coló en la esfera política. Se debatió en el Congreso y hasta se creó después una comisión de expertos que emitieron un informe no concluyente al respecto. No había unanimidad, porque para cada especialista pesaba una cuestión diferente: el ahorro de energía, la salud de los ciudadanos, el perjuicio para la economía del país, la conciliación laboral, etc.

El hecho de que España tenga el mismo horario que Alemania y no que de Francia, por ejemplo, complica más la decisión, puesto que nuestra cultura es de rutinas más tardías que en el resto de Europa.

La opinión mayoritaria de los expertos es que nuestro país debería mantenerse en el horario de invierno pero no todo el mundo tiene claro que ésa sea la mejor manera de ahorrar energía (puede que el uso de bombillas LED de bajo consumo sea más efectivo).

En España, sólo el 60% de la población encuestada es partidario de poner fin al cambio horario bianual, sobre todo personas mayores. Además, poco menos del 14% optaría por el horario de invierno, mientras que el 65% preferiría mantenerse en el horario de verano, según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Cambio de hora en Europa

La Unión Europea ya ha pedido a los países que se posicionen respecto al cambio horario para 2021, pero la pandemia lo ha retrasado todo y la falta de consenso también ha apagado el debate.

En una encuesta realizada por la UE, la inmensa mayoría de los ciudadanos europeos votaron por suprimir de una vez el cambio horario. Más del 84% de los encuestados se mostraron a favor de suprimir el cambio horario bianual.

La decisión de cada país debería estar tomada para abril de 2021 pero es posible que este asunto se alargue más de lo previsto.

¿Hasta cuándo se cambia el horario?

Se esperaba que el cambio fuera inminente y que el último cambio horario obligado que realizaran los ciudadanos europeos se produjera en marzo de 2021.

Así se daba tiempo a todos los países a tomar una decisión, pero ésta ya debería haber sido comunicada y no todos los países lo han hecho, como es el caso de España.

Otros como Portugal, por ejemplo, ya han manifestado su intención de continuar con el cambio de hora estacional.

Por lo tanto, todavía no se sabe con certeza si la de octubre de 2020 ha sido la última vez que los europeos hayamos tenido que retrasar el reloj una hora.

¿Se ahorra con el cambio de horario?

El principal objetivo del cambio de hora es, básicamente, ahorrar energía, pero no todo el mundo tiene tan claro que eso se cumpla, de ahí precisamente el debate sobre su mantenimiento.

La cuestión que está sobre la mesa es si realmente el hecho de adelantar o retrasar una hora el reloj contribuye a la eficiencia energética, porque además se tienen en cuenta otros factores como la productividad de los ciudadanos o los efectos que estos cambios provocan en la salud.

No hay consenso entre los expertos, porque muchas veces es complicado separar los argumentos científicos de los políticos.

En España, por ejemplo, no hay informes concluyentes en la actualidad que permitan asegurar con certeza si el cambio de hora contribuye realmente al ahorro energético. Además, en nuestro país hay dos debates al mismo tiempo por aquello del huso horario diferente, por lo que tampoco puede servir de ejemplo global.

A grandes rasgos, hay estudios que demuestran que el cambio de hora, al final, no es una solución con unos beneficios energéticos contundentes porque lo que se gana de luz natural por el día se pierde por la noche o viceversa.

Eso obliga a realizar un análisis más profundo, teniendo en cuenta otras variables como la de la productividad que hemos mencionado antes.

La alteración de los horarios afecta a nuestro organismo y eso hace que se resienta nuestra productividad, aunque eso sólo ocurre durante, como mucho, unos días, hasta que volvemos a acostumbrarnos al nuevo horario.

¿El ahorro energético se traduce en ahorro económico?

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía hablaba de un ahorro potencial en iluminación de 300 millones de euros, lo que significaba un porcentaje del 5%.

Sin embargo, sólo 90 millones correspondían a los hogares españoles y, el resto, al sector terciario y la industria. Por tanto, al final ese ahorro energético y, sobre todo, económico es global pero se benefician de él las empresas y no los ciudadanos, pues coincide con los horarios habituales en los que nos encontramos en el trabajo.

¿Qué horario es más eficiente?

Una de las decisiones que los países europeos deben tomar si optan por no modificar más sus horarios es si se quedan con el horario de invierno o el de verano, algo que también afecta a nuestro consumo energético, obviamente.

En este caso, esta decisión depende más de factores culturales o geográficos que de ahorro de energía. No será igual lo que ocurra en España, donde tenemos costumbres más tardías que en el resto de Europa, que en otros países del norte del continente, donde no existen tantas horas de sol ni a lo largo del día ni a lo largo del año.

¿Es necesario el cambio de hora?

Como vemos, la necesidad o no de cambiar de hora para ahorrar energía depende de muchos factores y en cada país pesan más unas razones que otras para tomar una decisión sobre esta cuestión.

Además, no todos los países notan tanto la diferencia horaria de la misma manera cuando adelantan o retrasan el reloj y, por lo tanto, su ahorro energético o los beneficios que obtienen no son tantos como pudiera pensarse.

No sólo hay que tener en cuenta razones internas e individuales a la hora de optar por uno u otro horario. En base a cuestiones económicas, hay quienes reclaman una unificación de criterios porque el funcionamiento de los mercados y de la sociedad en general está globalizado.

Por ejemplo, el hecho de que cada estado miembro de la Unión Europea elija un horario diferente a su criterio implica que se producirán problemas de tráfico aéreo que deberían tenerse en cuenta.

Consecuencias en nuestra salud

Una razón de peso cuando se defiende que no se cambie la hora es la salud de los ciudadanos. Los expertos llevan tiempo advirtiendo de las consecuencias de esta alteración de los biorritmos de las personas dos veces al año.

Como hemos visto, una de ellas es la repercusión en nuestra productividad, pero hay otros efectos del cambio de hora que pueden prolongarse durante varios días y que afectan directa o indirectamente a nuestra salud:

  • Alteración del sueño. Descansamos menos horas y, por tanto, peor, lo que puede ser un factor de riesgo de accidentes por la falta de reflejos y de la capacidad de reacción.
  • Menor rendimiento. Es eso que hablamos de la disminución de la productividad porque tenemos mayor sensación de cansancio.
  • Menor rendimiento intelectual. A nuestra mente le cuesta concentrarse y eso repercute negativamente en nuestra salud.
  • Cambios de ánimo. El cansancio mental influye en nuestro estado de ánimo y nos provoca cambios de humor.

Algunos estudios apuntan que estas consecuencias pueden prolongarse durante incluso diez días y otros alertan de que tras los cambios de hora estacionales suelen detectarse aumentos en el número de infartos en días posteriores, una cuestión que no se puede pasar por alto.

También se incrementan los accidentes laborales y de tráfico, otra razón más para no alterar los horarios.

¿Cómo adaptarse al cambio de hora?

Mientras se decide si el cambio de horario bianual se mantiene o no en nuestro país y, por si se optara por continuar con este sistema en el futuro, los expertos realizan una serie de recomendaciones para que esta alteración horaria afecte en el menor grado posible a nuestra salud. ¿Qué consejos nos dan?

  • Adaptación. Ir cambiando los horarios de comidas y descanso desde unos días antes de que se cambie la hora para que luego nos cueste menos.
  • Rutina. Mantener unos horarios fijos para ir a la cama y levantarse aunque se haya cambiado la hora.
  • Poco a poco. No se debe cambiar nuestra rutina de golpe, hacerlo bruscamente repercute negativamente en nuestros biorritmos.
  • No compensar. Para adaptarse mejor al cambio de horario, compensar con una siesta el tiempo de descanso que se ha perdido durante la noche puede alterar aún más nuestro organismo, sobre todo, si no estamos acostumbrados a dormir la siesta.
  • Aprovechar la luz solar. Es lo mejor para no tener la sensación de haber perdido el día sin darnos cuenta. Un paseo al aire libre mientras quede luz natural es una buena ‘medicina’.
  • Evitar bebidas excitantes. El café, el alcohol o ciertos refrescos pueden activarnos demasiado y nos costará más adaptarnos al nuevo horario.
  • Hacer ejercicio. Es fundamental tener una rutina deportiva pero hay que tener mucho cuidado de no practicarlo en las últimas horas del día o se activará nuestro metabolismo.
  • Cuida la alimentación. Evita las comidas abundantes antes de irte a la cama o te costará más coger el sueño y eso mermará la calidad de tu descanso.
  • No a la luz artificial. Evita luces de televisor, teléfono móvil, tableta y ordenador en las últimas horas del día porque eso también influye en tu descanso.

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