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Cada vez estamos más preocupados por el mundo que nos rodea. Nos ha costado años, pero conceptos como el de la economía azul, que puede que hayáis escuchado en alguna ocasión, nos han ayudado a ser más conscientes de las animaladas que estábamos perpetrando contra nuestro planeta. Ya os hemos hablado en alguna ocasión de la importancia de la transición energética, tanto a nivel nacional como en el resto del mundo. Sin embargo, hoy nos centramos en otro aspecto que ayudaría enormemente a las generaciones que están por venir. Un cambio del sistema económico mundial desde su misma base, ¡bienvenidos al maravilloso mundo de la economía azul!

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De qué se trata la economía azul

Cuando pensábamos que todas las respuestas estaban en la economía verde, llegó el economista belga Gunter Pauli para decirnos que no, que todo mal. Bueno, vale, no fue exactamente así, pero para Pauli la respuesta no estaba en esta forma de hacer las cosas. Por eso planteó un nuevo modo de ver la forma de hacer negocios, una economía azul accesible para todos y que de verdad diese soluciones satisfactorias a los problemas a los que se enfrenta nuestro planeta. ¿Y por qué ese nombre? Pues porque es como se conoce a la Tierra, el Planeta Azul, debido al color de sus mares, causado este por el ozono reinante en nuestra atmósfera.

Para Pauli, como veremos un poco más adelante, la llamada ‘economía verde’ no es factible, no aporta soluciones definitivas, ni tampoco para todo el mundo. Pero entonces, ¿en qué se basa la economía azul? Básicamente, la definición de economía azul es que hay que conseguir que las empresas sean eficientes a la hora de producir tanto bienes como servicios. Y hay que conseguirlo de forma que sea  totalmente sostenible y accesible para todos.

¿Cuáles son los principios de la economía azul?

Como toda nueva idea para que nuestro mundo funcione un poco mejor, la economía azul necesitaba unas bases sobre las que sustentarse. A sabiendas de ello, como buen economista, Pauli estableció una serie de puntos que todas las naciones y sus distintas empresas debían respetar. Además, estableció una meta muy clara, un objetivo que todos deberíamos compartir y que es la mejor excusa para que el mundo entero reme en la misma dirección.

Establecimiento de objetivos

Para que la economía azul resulte exitosa, todos los actores implicados en el proceso deben ser capaces de establecer objetivos medibles. Estos deben ser claros, y por supuesto coherentes con la evolución de las distintas economías. Pero está claro que no basta con esto, ¡los objetivos están para cumplirlos! ¿Sabéis eso de que solo nos ponemos en serio con la dieta cuando vamos a un nutricionista y nos tememos regañina por habérnosla saltado? Pues con estas cosas de la economía pasa más o menos lo mismo: es necesario medir y compartir la información con el resto de países, porque solo así nos obligaremos a mejorar.

Apoyo legislativo

Como toda iniciativa que supone cierto gasto y trabajo extra a las compañías, la única forma de fomentarla es con alicientes desde la legislación. Para hacer que el mundo se sume a esta revolución y tengamos cada vez más empresas de economía azul, no queda otra que ofrecer ayudas. Estas pueden ser en forma de incentivos monetarios o de jugosos descuentos en los impuestos, ¡aunque una no descarta necesariamente a la otra!

Mirar más por nuestros mares, mucho más

Hasta que no seamos conscientes de que la mayoría de los problemas marinos se originan en tierra, y viceversa, no tendremos una visión global sobre las consecuencias que nuestros actos provocan sobre nuestro planeta. De ahí que la economía azul plantee desde una mejor gestión de los recursos marinos hasta el desarrollo de estándares que nos permitan aprovecharlos al máximo. Queremos viajar a la Luna y a Marte en busca de recursos, pero el mundo marino todavía es un gran desconocido para nosotros.

Un futuro sostenible, una meta compartida

Al final, todos estos principios buscan que compartamos un mismo destino. Concretamente, el de conseguir que las próximas generaciones aprendan a vivir de una forma mucho más acorde a lo que requiere nuestro hogar, que es la Tierra. Y que, aún así, puedan progresas sin ningún tipo de carga a sus espaldas.

Ejemplos de economía azul

Existen multitud de ejemplos de economía azul en nuestro entorno, pero lo más probable es que ni siquiera lo sepamos. El mejor de ellos son todos esos negocios de hostelería que, a pesar de haberlo pasado tan mal durante la crisis económica del coronavirus, siguen apostando por el consumo de productos locales, sobre todo a nivel gastronómico. Hacer esto es primordial para no sobreexplotar nuestros recursos, no contaminar en exceso debido al transporte de mercancías, pero la cosa va más allá.

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Por ejemplo, hay empresas de economía azul que están dedicándose a fabricar papel piedra. Este producto se produce gracias al polvo de carbonato cálcico, y no requiere de la eliminación de un solo árbol, ¡ni del uso de una sola gota de agua! Otras empresas, como Sea2see, han emprendido de un modo muy diferente: fabrican gafas con las miles de toneladas de plásticos que se recogen en los mares al cabo del año. Formas muy diferentes de hacer negocio, desde luego, pero con una motivación idéntica: seguir siendo productivos, pero de forma eficaz y sin dañar a nuestro planeta más de lo estrictamente necesario.

Diferencia entre economía azul y economía verde

Para el ideólogo de esta nueva forma de entender la economía, economía azul y economía circular serían más sinónimas que economía azul y economía verde. ¿Por qué? Pues porque Gunter Pauli consideró que la economía verde es, por decirlo de algún modo, demasiado elitista. ¡Y puede que no le falte razón! De hecho, si vamos a un súper y optamos por comprar productos ecológicos, lo más normal es que la cesta de la compra nos salga bastante más cara. Pero este experto no se refería tanto al consumidor final como a las empresas.

Adaptarse a la economía verde, tal y como está planteada, supone un coste extra que no todas las compañías pueden afrontar. Para él, la economía verde es ineficiente, mientras que la economía azul trabaja para ser eficiente desde la base misma del problema, los procesos de producción. Al final, lo cierto es que ambas son complementarias y pueden convivir a la perfección, aunque el ideal sería que fuésemos capaces de alcanzar las metas planteadas por el desafío de la economía azul.

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