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En un tiempo en el que somos cada vez conscientes del daño que el ser humano está haciéndole al planeta, no está de más recordar que existen acciones a las que podemos sumarnos para salvar a los animales en peligro de extinción.

PepeNuevo

Hay animales extinguidos como los dinosaurios que desaparecieron antes de tiempo debido a fenómenos naturales. En su caso, uno tan extraordinario como el impacto de un meteorito con la Tierra. Sí, pero… ¿tenemos realmente claro de que el principal peligro al que se enfrentan a día las distintas especies es nuestra poca conciencia a la hora de protegerlas y cuidar el medioambiente?

Cada vez que escuchamos noticias sobre que en unos años las jirafas podrían dejar de existir, y que los siguientes podrían ser los guepardos, los osos polares o los osos panda, tendemos a pensar que no podemos hacer nada por ellos. Pero lo cierto es que sí que existen acciones que suman y que ya han salvado a animales catalogados en peligro de extinción.

No importa que viésemos la película de pequeños o de más mayores. Que hayamos visto o no la reciente e imponente versión digital de Disney. Que hayamos disfrutado ‘como niños chicos’ del exitoso musical. O que no hayamos tenido la dicha de disfrutar de El Rey León en cualquiera de sus versiones. A todos nos suena lo del ‘ciclo sin fin’ y cómo la naturaleza se autorregula para que todo siga en perfecto equilibrio y armonía.

En nuestras manos está poder recuperar ese equilibrio y os contaremos cómo hacerlo, aunque antes también os demostraremos que no solo es posible salvar animales, sino que ya se ha hecho. Sí, hay animales salvados de la extinción en el mundo gracias a la acción del hombre, ¿os gustaría saber cuáles son?

¿Qué animales se han salvado de la extinción?

Hay expertos que aseguran que cerca de un 99% de los animales que una vez poblaron nuestro planeta ya no existen. Que solo podremos llegar a imaginarlos si llegamos a encontrar sus restos y conseguimos interpretar los datos con corrección. El único camino para dejar de contar animales extinguidos es velar por el conservacionismo medioambiental.

Hay quien piensa que todo esfuerzo es en vano porque la naturaleza cada vez está más oprimida por la acción humana, pero la cosa sería mucho peor si no interviniésemos. Y en España tenemos unos ejemplos muy claros de ello.

El lince ibérico, un superviviente en toda regla

Si hay una especie supercampeona en el terreno de la supervivencia en nuestro país esa es, sin duda alguna, el lince ibérico. La caza furtiva y los atropellos fortuitos hicieron que este animal, común en prácticamente la totalidad de la península, se viese seriamente amenazado, hasta el punto de ser catalogado “en peligro crítico” de extinción.

Cuando se decretó la alerta apenas quedaban 100 ejemplares catalogados, pero los esfuerzos del Gobierno español, unidos a los de los investigadores de estaciones científicas como las de Doñana, uno de los epicentros nacionales en lo que a salvamento de linces se refiere, han conseguido unas cifras absolutamente maravillosas.

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Según un comunicado del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del pasado mes de mayo, la población de linces ibéricos, solo en Andalucía, estaba en los 461 ejemplares. Sin duda, todo un triunfo para una especie que, de no haberse producido estos esfuerzos prolongados en el tiempo, tan solo reconoceríamos por las escasas fotografías que pudiésemos encontrar.

El águila imperial ibérica, la más majestuosa de nuestros cielos

Aunque por fortuna no llegó a estar “en peligro crítico”, en nuestro país tenemos otro claro ejemplo de que, haciendo bien las cosas, pueden obtenerse resultados muy satisfactorios. Hablamos, como no podía ser de  otro modo, del águila imperial ibérica, especie salvada de una extinción más que probable que ha pasado de estar “en peligro” a ser “vulnerable”.

¿Significa esto que está salvada de la extinción definitivamente? Por desgracia… para nada. Significa que hay cosas que se han hecho bien, pero al igual que con el lince, es necesario que estos esfuerzos se prolonguen en el tiempo. Al menos, hasta que el número de individuos vuelva a regenerarse hasta niveles de ‘normalidad’, lo cual puede llevar varias décadas.

Según datos de Bird Life, la población de este ave rapaz creció un 135% entre los años 2001 y 2012, llegando incluso a criar en Portugal. En 2017, tal y como contaba el diario El Español, la población peninsular era de 400 parejas reproductoras, y en 2020 la comunidad de Madrid registraba su particular récord con 73 parejas gracias a la repoblación de conejos, su principal alimento. Mientras tanto,  en Castilla y León contabilizaban nada más y nada menos que un total de 93 y una población mínima de 140 polluelos. Sin duda alguna, grandes noticias que vuelven a dejar patente que sí que existen acciones a las que poder sumar esfuerzos para generar un cambio.

¿Quiénes salvan a los animales en peligro de extinción?

Aunque lo normal sería empezar justo al contrario, el cuerpo nos pide ir al revés del mundo para que os quede muy clara una cosa: cualquiera de nosotros puede proteger a los animales, estén o no en peligro de extinción, con pequeños gestos del día a día.

Y no, no nos referimos a comer una cosa o no comer otra, sino a pequeñas acciones cotidianas como proteger la vida silvestre de nuestro entorno, proteger el hábitat de  las especies que lo pueblan o reducir en la medida de lo posible nuestra huella de carbono para aportar nuestro granito de arena en la lucha con el cambio climático que tanto daño está haciendo a numerosas especies.

Una vez dejado claro esto, que ampliaremos en el próximo apartado, toca ver qué organismos son los encargados de verlas por el bienestar de los animales en peligro de extinción y cómo operan para protegerles y salvarles de esta situación tan complicada.

El primero de ellos, el más importante, son los Gobiernos. Ellos son los encargados de legislar y de autorizar partidas presupuestarias destinadas a este objetivo, por lo que es importante que estén concienciados con la causa.

El de EE.UU., por ejemplo, promulgó una Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA) que ha conseguido salvar de la extinción a cerca de una cincuentena de especies desde 1973, convirtiéndose en una de las más efectivas del mundo. Entre ellas, algunas son tan características como el águila calva, símbolo patrio por excelencia, o el bisonte americano que vemos en todas las películas de indios y vaqueros.

También están organizaciones como la ONU, que aúna los esfuerzos de distintos países para conseguir que se cumplan sus objetivos medioambientales, entre los que también se encuentra la preocupación sobre cómo proteger a los animales en peligro de extinción.

En agosto del año pasado, sin ir más lejos, la Conferencia de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) actualizó las regulaciones comerciales para multitud de especies amenazadas por el tráfico ilegal íntimamente ligado a la sobreexplotación, la pesca descontrolada o la caza indiscriminada.

Entre dichas especies, como no podía ser de otra manera, se incluyen mamíferos como la jirafa, mencionada con anterioridad, o algunos reptiles y anfibios en serio peligro de desaparecer para siempre.

Los siguientes actores importantes en sobre este particular escenario son las ONGs, ya sean de calado internacional, nacional, regional o incluso local. Toda ayuda es poca, y ellas cumplen una labor encomiable, tanto evangelizadora como a nivel operativo, con multitud de acciones cuyo objetivo, entre otros muchos, está el de velar por la supervivencia de los animales en peligro de extinción. Seguro que os suenan WWF o Greenpeace, ¡pero hay muchas más!

Los zoológicos y centros de investigación como el citado anteriormente en Doñana cumplen otra labor clave en el salvamento de las especies amenazadas. Los primeros las crían en cautividad para después ponerlas en libertad y que sean los segundos los que monitoricen su actividad y controlen que la adaptación al medio es la correcta. Un matrimonio muy bien avenido cuyo papel es imprescindible en todo este engranaje.

¿Cómo proteger a los animales en peligro de extinción?

Tal y como os hemos contado al inicio del apartado anterior, no debemos dejarnos sorprender por el hecho de que haya tanta gente (y tan importante) implicada en el salvamento de los animales en peligro de extinción. Nosotros también podemos ayudar. Bien sea convirtiéndonos en miembros de alguna de estas organizaciones, en voluntarios de los centros que velan por su bienestar o con acciones cotidianas que mejoren nuestro entorno natural. Algo que, os aseguramos, ya es muchísimo.

Eso sí, si no sabéis por dónde empezar… ¡aquí os dejamos unas ideas!

Minimizar nuestra huella en la naturaleza

Parece mentira que pueda resultar tan sencillo. Quedar los fines de semana para salir a recoger la basura por el monte. Concienciar a los que nos rodean de la importancia de no hacer fuegos en lugares en los que está prohibido. Convencer a nuestros vecinos de que clasifiquen su basura y utilicen los contenedores de reciclaje como es debido… todo puede salvar miles de vidas animales al año, ¡imaginaos a lo largo de toda una vida!

Voluntariado, la mejor forma de sentirse útil

El problema de la mayoría de las acciones que podemos llevar a cabo para proteger a los animales en peligro de extinción es que, al no ofrecer resultados directos (no estamos liberándolos de una trampa, por ejemplo), podemos desanimarnos con cierta rapidez.

Por eso, si lo que necesitamos es sentirnos aún más activos, lo mejor que podemos hacer es contactar con una organización ecologista que se encargue de salvar a este tipo de animales y ofrecerle nuestros servicios para lo que sea necesario.

Los voluntarios son el motor de este tipo de iniciativas y un nuevo par de manos siempre es bienvenido, así que buscad la más cercana a vuestro lugar de residencia y poneos manos a la obra, ¡os reportará las mejores sensaciones que hayáis vivido nunca!

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