Se tiene la creencia, errónea por otra parte, que lo que produce la muerte o las lesiones es la tensión eléctrica, lo cual no es cierto. Lo realmente dañino es la corriente eléctrica o amperaje. Aunque aunque pueda parecer paradójico (debido a la estrecha relación entre la tensión y la corriente) es posible que sea más peligroso una tensión baja que una alta. De hecho y, aún a riesgo de parecer macabro, las primeras ejecuciones en los USA con silla eléctrica se hacían con tensiones de 2.000 V y durante largos minutos, produciendo la muerte más por quemaduras que por la propia acción de la electricidad. Posteriormente se utilizaron tensiones de 200 V con flujos de corriente de 8A que producen la muerte de manera prácticamente instantánea.

En primer factor determinante en los efectos fisilógicos de la corriente eléctrica es la naturaleza de ésta: no produce el mismo efecto la corriente contínua que la alterna industrial de 50 Hz o que las corrientes de alta frecuencias.
Una corriente alterna industrial o doméstica comienza a ser peligrosa a partir de los 25 a 30 mA, mientras que hace falta el triple para que produzca los mismos efectos tratándose de contínua.
Por contra, la corriente contínua tiene un efecto electrolítico sobre el cuerpo humano que pueden dar lugar a enfermedades y dolencias de extrema gravedad. Si, además, la corriente tiene una componente alterna (como la corriente de una rectificador no filtrado) los efectos son más intensos, con una mayor tendencia al agarre (imposibilidad de soltarse del elemento conductor).
Se observa que para frecuencias superiores a los 10 KHz no se producen efectos sobre los centros nerviosos aunque sí pueden aparecer acciones de calentamiento, usadas con fines médicos en termoterapia.
La resistencia del cuerpo humano, responsable última de la corriente que atraverará al sujeto para un mismo voltaje según al ley de Ohm, está formada por dos componentes:
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Resistencia de contacto.- Establecida entre el cuerpo y el conductor.
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Resistencia interna.- Propia del sujeto como conjunto de órganos, sistemas y tejidos es relativamente pequeña, del orden de los 200 Ohmios.
Sobre la resistencia de contacto es sobre la que hemos de actuar a la hora de prevenir accidentes eléctricos. Esta resistencia varía desde los 500 Ohmios de una manos de piel suave y húmeda a los 50.000 Ohmios de unos pies calzados con botas de suelas gruesas de goma sobre suelo seco.
Como referencia, veamos algunos valores característicos:
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Manos de piel suave y húmeda: de 500 a 5.000 Ohmios
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Manos callosas: hasta los 100.000 Ohmios
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Pies calzados con suelas secas y gruesas: hasta 50.000 Ohmios
Los efectos producidos por la corriente eléctrica no solo dependen de la intensidad de corriente y la naturaleza de ésta, sino también del tiempo de exposición. Así, para una corriente eléctrica de alterna de 50 Hz (de uso doméstico e industrial) la Comisión Electrotécnica Internacional ha elaborado el siguente gráfico:

En la zona (1), para intensidades inferiores a 2 mA (ó 0,5 mA según el individuo) la corriente eléctrica es imperceptible.
En la zona (2) ya aparece la percepción de sensaciones desagrables e incluso dolorosas, así como movimientos musculares involuntarios. Todavía no se ha llegado al punto de agarre (imposibilidad de soltar el conductor).
En la zona (3) ya se produce el agarre con la percepción de intenso dolor, aunque aún sin riesgo mortal.
En la zona (4) comienzan a producirse contracciones musculares graves, dificultades respiratorias y asfixia por el bloqueo de los músculos torácicos.
En la zona (5) se produce ya la fibrilación cardíaca, ocasionando además daños permanentes, aún consiguiendo la reanimación del electrocutado.
Tan sólo unas centésimas de segundos expuesto a intensidades eléctricas de 5 A son suficientes para producir daños irreversibles.
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