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A partir de los rayos solares, unas placas llamadas colectores, obtienen agua caliente. Éste es, a grandes rasgos, el principio en el que está basada la energía termosolar.
Los colectores tienen la misión de acumular y concentrar la energía que les llega del Sol, transmitiéndolo al líquido que vamos a calentar. Este fluido puede ser directamente agua potable o de consumo, en cuyo caso estaríamos ante una instalación de circuito abierto, o bien, algún líquido anticongelante que, a su vez, es el encargado de calentar el agua que vayamos a utilizar. En este último caso estamos ante un sistema de circuito cerrado.
Las instalaciones de circuito abierto tienen una mayor eficiencia energética y son más baratas pero, además de estar sometidas a mayores restricciones legales, dan problemas en regiones de temperaturas muy frías y cuyo caudal de agua presente alto contenido en sales.
Los sistemas de circuito cerrado son los más comunes y disponen de un sistema automático para que, si no conseguimos alcanzar la temperatura deseada en el agua de uso, entre un sistema de calentamiento auxilar, ya sea una resistencia eléctrica o una caldera.
Si atendemos al tipo de circulación del líquido, nos encotramos con dos tipos de instalaciones, los sistemas termosifónicos y los de circulación forzada. Mientras en los primeros disponemos de un depósito colocado más alto que los colectores para permitir la circulación del agua por convección, en los segundos tendremos un sistema con electrocirculador que fuerza el movimiento del agua en condiciones en los que la circulación natural no podría darse.
Las instalaciones de circulación natural son más económicas y sencillas de instalar, y además, son totalmente autónomas al no depender de un sistema eléctrico externo, lo cual las hace muy atractivas para lugares remotos. Sin embargo, su rendimiento energético es menor que los sistemas de circulación forzada y requieren de un tejado de enorme resistencia para soportar el peso del depósito. Por contra, el depósito puede ser instalado en el interior de la vivienda, en el caso de sistemas de circulación forzada, y suelen ser más estéticos.
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