En algún momento del siglo XX, los derechos medioambientales alcanzaron un auge considerable, en parte por la expansión corporativa y fenómenos como la amenaza del cambio climático. De ahí que hayan sido muchas las personas que se hayan lanzado a defender las selvas, bosques y océanos amenazados por la contaminación o la destrucción del medio ambiente, ambos procedentes en su gran mayoría por el ser humano. El resultado se ha traducido en muchos logros, pero también en la muerte de 197 personas en 2017 por defender el medio ambiente.


Lo que la naturaleza no haría


En la noche del 2 de marzo de 2016, un sicario entró en la vivienda de Berta Cáceres y acabó con su vida. Cáceres, nativa de la tribu lenca, en Honduras, había fundado la entidad COPINH por los derechos de los lencas y fue una de las activistas medioambientales más valientes del milenio. Pero sus intereses no gustaban a las grandes corporaciones.

Este es solo un ejemplo de las consecuencias que nacen de la lucha entre quien defiende la naturaleza y aquel al que no le importa destruirla para conseguir su objetivo. Un hecho que se traduce en numerosas muertes anuales que el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) ha registrado, lanzando su último informe con respecto al 2017.

Según ha sido anunciado en un comunicado de prensa, 197 personas murieron por defender el medio ambiente en 2017. El mismo informe también indicaba que un 45% de las personas fallecidas pertenecían a tribus locales de determinados países y que entre 2002 y 2013 fueron 908 las personas asesinadas que se dedicaban al activismo verde. Una cifra preocupante cuando, se supone, hemos alcanzado tal grado de humanidad que respetar la naturaleza o la vida de otras personas debe convertirse en una prioridad absoluta.

El PNUMA ha afirmado que 44 países han potenciado las leyes medioambientales presentes en la constitución de 100 países diferentes.

"Es nuestro deber defender a aquellos que se encuentran en el lado correcto de la historia, lo que implica defender los derechos más universales y fundamentales", indicaba Erik Solheim, director del PNUMA en el comunicado de prensa.

Esperamos que, desde ya, las diferentes naciones intensifiquen las leyes que favorecen a quienes se atreven a burlar las amenazas y seguir luchando porque las tribus del mundo, sus árboles y animales, su aire y mar, pueden sobrevivir al ser humano.

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