A la hora de respetar el medio ambiente surgen diversas formas de hacerlo: las energías renovables, la ecología, o dietas tan severas como la jaina, perteneciente a la religión homónima presente, especialmente, en el estado de Gujarat, en la India, cuyo respeto por la naturaleza y la no-violencia les ha llevado a potenciar unas costumbres alimenticias de lo más curiosas.


Ecología extrema

Surgida hace más de 2600 años en el estado de Gujarat, al noroeste de la India, la religión jaina es una doctrina no teista (es decir, que no sigue a ningún Dios), basada en el seguimiento de ciertas prácticas a fin de alcanzar la iluminación, o siddha, al morir y volver a renacer como parte de su movimiento de no-violencia, también conocido como ájimsa. Por ese motivo, el primer factor potenciado por esta religión consiste en un veganismo llevado a cotas extremas respecto a otros estados de un gigante hindú ya de por sí verde.

En primer lugar, los jainas no consumen ningún alimento considerado como “tamasic”, nombre con el que se refieren a cualquier elemento cuyo consumo conlleve un acto de violencia o, en este caso, la obligación de arrancar sus raíces. Entre estos alimentos se incluyen especialmente la patata, la zanahoria, la cebolla o la manzana, si bien los champiñones, al ser considerados alimentos parasitarios (al bichito se le respeta), tampoco están permitidos en el menú local.

A su vez, los jainas tratan de aprovechar aquellos tallos de trigo, mijo o arroz que han sido expulsados por la tierra al secarse o morir. Cocinar por la noche tampoco suele hacerse, ya que el simple hecho de encender las luces puede atraer a bichos y matarlos, al igual que dejar comida preparada de un día para otro, ya que puede atraer. Una regla que también lleva a muchos practicantes jainas a barrer los templos antes de la llegada de los oradores a fin de que nadie consiga pisar a una mosca o una hormiga.

La religión jaina se encuentra presente en la mayoría de estados de la India, entre ellos Bengala, Karnataka o, especialmente, Gujarat, donde su influencia es tal que ni siquiera McDonalds pudo permitirse abrir un restaurante en la zona.

Una dieta que trasciende más allá del simple respeto por la naturaleza estableciendo límites insospechados.

¿Podrías comer solo tallos podridos o verduras caídas de los árboles?


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