Tras un 2016 en el que se confirmó el auge de las energías renovables, las diferentes potencias del mundo ya han confeccionado su plan de inversión a la hora de potenciar la economía sostenible en sus respectivos países. Tal y como mucho previeron en su momento, Oriente es el gigante más ambicioso de esta nueva cruzada, una realidad confirmada con la noticia de que China invertirá hasta 360 billones de dólares en energías renovables de aquí a 2020.


El futuro está en Oriente


El pasado jueves, la Administración Nacional de Energía de China confirmó que invertiría hasta 360 billones de dólares en energías renovables de aquí a 2020. Una noticia que no ha pillado por sorpresa a quienes ya predecían la confirmación del gigante chino como la potencia más prometedora en el uso de energías renovables, especialmente en un período en el que la presidencia de Donald Trump, hombre que no se cree lo del cambio climático, podría eliminar de la carrera a Estados Unidos, especialmente desde que el propio Trump confirmara que potenciaría los combustibles made in USA.

En 2015, China instaló una turbina de energía eólica cada hora de cada día de sus doce meses y erigió paneles solares en el espacio de un campo de fútbol cada hora, datos que confirman la desvinculación progresiva del país oriental de unos combustibles que representan hasta un 64% del panorama energético nacional y una industria minera potenciada durante el esplendor del comunismo en la era de Mao. De esta guisa, China creará de aquí a 2020 hasta 13 millones de puestos de trabajo relacionados con las energías renovables, reducirá las emisiones de carbono en favor de las energías solar y eólica y disminuirá la cantidad de hollín que durante años lleva provocando grandes nubes de niebla de megalópolis como Beijing y Shangay.

China se propone dar ejemplo y convertirse no solo en la mayor potencia sostenible del mundo, sino también en la mejor aliada para unas empresas occidentales (Apple fue el último ejemplo) que durante los próximos meses quizás recurran a Oriente ante la negativa de Trump a impulsar la lucha contra un cambio climático “inventado por los chinos para convertirse en la mayor potencia económica del mundo”.



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