El pasado 3 de marzo, la activista Berta Cáceres fue asesinada a tiros en su domicilio de La Esperanza, en Honduras. Cáceres no solo había participado en diversas manifestaciones frente a la dictadura de su país en el año 2009, sino que también se había puesto en contacto con las Naciones Unidas a fin de denunciar la instalación de una planta hidroeléctrica en el norte del país.


La mujer que soñaba con cobras



"La última vez que hablé con mi madre nos contamos las pesadillas que habíamos tenido. Ella me dijo que llevaba soñando tiempo con aguas turbulentas, igual que yo. Soñaba que avanzaba por un río turbio sujetando a mi bebé mientras una cobra que perseguía."

En Honduras, soñar con cobras y aguas turbulentas nunca es buena señal, más aún cuando tu actividad está ligada al equilibrio medioambiental y la salud de los pueblos indígenas de tu cultura. Así era la situación de Berta Cáceres, activista medioambiental reconocida con premios tan prestigiosos como el premio Goldman, similar al Nobel de los ecologistas. Una mujer valiente que la noche del 2 al 3 de marzo fue sorprendida en su casa y molida a tiros, suscitando el misterio en torno a un crimen que aún hoy día se sigue investigando. Poco después fueron detenidos cinco hombres, de los cuales dos estaban ligados a la corporación DESA.

DESA, acrónimo de Desarrollos Energéticos S.A., es una empresa que hace unos meses inició el proyecto Agua Charca en el río Blanco, al norte de Honduras. La entidad construyó una planta hidroeléctrica en la zona, lo cual estaba causando graves daños a las tribus indígenas de la zona, tal y como plasmó Cáceres en una carta enviada a finales de 2015 a Victoria Tauli-Corpuz, representante de los pueblos indígenas centroamericanos en las Naciones Unidas.

Hasta entonces, Cáceres se había encargado de defender los derechos humanos de la tribu lenca en Honduras, y durante los últimos meses llevaba siendo testigo de los años que las energías renovables podían causar también en los entornos naturales del país centroamericano. 


Aunque DESA confirmó recientemente una desvinculación del caso Berta Cáceres, muchos siguen pensado que la planta hidroeléctrica tendría ver con el asesinato que el pasado mes de marzo terminó con la vida de esta activista de 43 años que durante años se debió a su pueblo y sus culturas indígenas. 

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