La caída de los precios del carbón ha supuesto el punto de motivación para que muchos países, y en concreto ciudades, alrededor del mundo se hayan lanzado a la carrera por aspirar a ser 100% renovables. Oslo, Reikiavik e incluso la isla canaria de El Hierro son algunos de los lugares que han comenzado a potenciar sus recursos y funcionar en gran parte con energías limpias. Sin embargo, un mérito que merece aún mayor mención es el de Burlington, la primera ciudad de Estados Unidos 100% renovable.

Burmont, un ejemplo a seguir



El objetivo de una ciudad por ser 100% renovable ha tomado más prioridad que nunca en un 2016 en el que las empresas y países de todo el mundo apuestan por la lucha contra el cambio climático a pesar de la opinión de cierto empresario venido a presidente de Estados Unidos, entre otros.

Lo inspirador (y paradójico) de todo ello reside en el ejemplo a seguir que fomenta la ciudad de Burlington, en el estado estadounidense de Vermont, la cual se convirtió en una urbe 100% renovable en 2014 tras varios años de intentos, la construcción de una planta eléctrica y la adquisición de otra hidroeléctrica.

Cada día, hasta 24 vagones llegan cargados a la planta eléctrica de McNeil con 1800 toneladas de pino y madera conseguidos en plantaciones ecológicas. Una vez son entregadas, la madera es molida en los astilleros hasta proveer de electricidad a la mitad de esta ciudad estadounidense de 42 mil habitantes.

La otra mitad se alimenta de la energía procedente de la planta hidroeléctrica construida a orillas del río Winooski, la cual se complemente con la instalación de paneles solares en el aeropuerto y la presencia de cuatro turbinas eólicas en la cercana Georgia Mountain.

Un paraíso sostenible en el que no todo queda en la emisión de energías limpias, sino también en una nueva forma de vida traducida en los campos de alrededor, donde los agricultores fomentan el cultivos de productos ecológico mediante una cooperativa que abastece a esta ciudad.


El triunfo de las energías renovables en Burlington obedece a un plan ecológico basado en la construcción de las plantas mencionadas, cuya solicitud fue emitida hace 38 años. Un ejemplo a seguir que, esperamos, inspire a otros muchos lugares del mundo a proseguir con la revolución verde que lugares como Islandia (país cuyo suelo volcánico facilita bastante las cosas) o países como China han empezado a fomentar aprovechando la caída de los precios del carbón. 

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