El problema de la sequía y la aridez en algunos lugares del mundo no sólo impide el cultivo de frutas y verduras, sino que también condenan la viabilidad de un país o sociedad debido a la falta de recursos. Una realidad que afecta a países africanos que apenas pueden encontrar una forma viable de cultivar en sus tierras, algo que podría cambiar desde que la construcción de una granja que trabaja con energía solar en el desierto de Australia se haya convertido en un éxito.

Tomates en el desierto


Port Augusta, en South Australia, es una de las zonas más áridas del país de los canguros, de ahí que la forma para conseguir plantar frutas y verduras hasta ahora fuese a base de pesticidas y combustibles, aún así a duras penas. Sin embargo, la compañía Sundrop Farms ha reinventado por completo el cultivo de alimentos en tierras áridas este último mes gracias a su apuesta por la energía solar como una forma de conseguir frutos en tierras tan castigadas.

Gracias a la instalación de 23 mil paneles solares reflejados en una torre de control de 115 metros y la extracción de agua marina desalinizada a través de un lago cercano, el Spencer Gulf, esta compañía ha conseguido cultivar hasta 180 mil plantas de tomates en esta porción del desierto. Entre los aciertos de este experimento se cuenta la esterilización que produce el agua del mar sin la necesidad de usar pesticidas y la capacidad de la energía solar para mantener las plantaciones cálidas durante los meses de invierno. 

"En un día soleado se pueden producir hasta 39 megavatios de energía", aseguraba explicaba la revista NewsScientist. "La energía solar puede utilizarse para la calefacción o la electricidad, pero en esta ocasión hemos conseguido combinar ambas", añade Jakob Juul, de Aalborg CSP. Una noticia que no sólo arroja premisas más que prometedoras para el cultivo en lugares más desérticos, sino que ya en la zona ha sido motivo de creación de hasta 200 puestos de trabajo

Por el momento, aún se investigan las consecuencias medioambientales que esta nueva reinvención podría causar, especialmente en lo que se refiere a la construcción de infraestructuras. Por otra parte, ya son muchos los interesados que auguran en este triunfo una solución más que factible para revitalizar la economía y la riqueza en países áridos como, por ejemplo, los englobados dentro de la zona del África subsahariana, una de las más castigadas del mundo. 




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