El pasado fin de semana Buscando a Dory, la secuela de la famosa cinta de Pixar Buscando a Nemo, rompió récords de taquilla en Estados Unidos al convertirse en la película de animación con mayor recaudación en sus primeros tres días de toda la historia. Una noticia que, a pesar de sus aparentes buenas intenciones, esconde un telón siniestro a juzgar por el masivo interés del público en sumar al pez cirujano azul, la especie de Dory, a su acuario privado.


Disney y los daños colaterales


En 2003, el estreno de la película Buscando a Nemo fue todo un acontecimiento gracias a una recaudación mundial de casi 1000 millones de dólares y la aparición de una moda acuática en torno al pez payaso, especie a la que pertenecían Marlin y su hijo Nemo en la película de Disney / Pixar. La fiebre por este pez naranja y blanco fue tal que llevó a varios acuarios de todo el mundo a capturar hasta 300 mil ejemplares anuales de  este pez para sumarlos como atracción a sus acuarios. 

Trece años después, el éxito de Buscando a Dory, película que se estrena el 22 de junio en España, amenaza con un contraataque centrado esta vez en el pez cirujano azul, especie a la que pertenece la protagonista de la película famosa con memoria a corto plazo y sus dotes de "habla balleno". Y es que a pesar de que la película esté centrada en esta ocasión en el Instituto de la Vida Marina de California en el que Dory termina encerrada, las intenciones sostenibles de la película no son suficientes.

Según expertos de la Universidad de Queensland, en Australia, el estreno de Buscando a Dory podría repercutir en la captura masiva de esta especie durante los próximos meses, ya que los espectadores sucumben más fácilmente al hecho de querer ver al pez en un acuario que en memorizar la moraleja de la película por cuidar el medio ambiente. 

Teniendo en cuenta que el 90% de especies marinas de los acuarios son capturadas en su hábitat natural y que su cuidado no puede equipararse a su estado natural como sí sucede con animales más domésticos como los perros o los gatos las consecuencias podrían ser fatales. De esta guisa, lugares del mundo como la Gran Barrera de Arrecife, el ecosistema marino más grande (y amenazado) del mundo podrían ver vaciados sus fondos de este simpático pez azul cuya supervivencia pasa antes por la concienciación del espectador que por los caprichos consumistas del mundo.

Nunca aprendemos.





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