En unas semanas se estrena Mad Max en nuestro país y está siendo fuente de críticas a la vez que película crítica con nuestra sociedad. Al igual que en las películas anteriores, esta se desarrolla en un futuro apocalíptico y desértico donde el bien más preciado es la gasolina y cualquier violencia por conseguirla está bien visto.

No son pocas las películas que hablan sobre una sociedad en la que la falta de combustible, problemas radiactivos u otros percances energéticos han llevado a la catástrofe o el derrumbe de la sociedad actual. Sin duda, en su intento por resultar obras espectaculares y atraer a un público sobre todo juvenil, exageran en lo posible y se transforman en obras poco creíbles en cuanto a hipótesis factibles sobre nuestro futuro.

Pero aun así no hay que negarles el papel que desempeñan como películas concienciadoras que fijan su atención en los más jóvenes. La ficción es un buena herramienta para hablar sobre posibilidades y transmitir mensajes de aviso.

El agotamiento del petróleo no es una hipótesis descabellada, hace décadas que se manejan cifras sobre el tiempo que durarán las reservas y la posibilidad de que de un día a otro se vayan agotando los distintos pozos. Ante esta posibilidad, la apuesta por unas energías renovables, ecológicas y efectivas es inevitable.

Si queremos mantener nuestros tesoros naturales y un buen futuro, nuestros hábitos han de cambiar y también debemos pedir a los gobernantes que actúen con previsión en el ámbito energético. Mientras, podemos seguir disfrutando de películas como “Mad Max: Furia en la carretera”, sabedores de que es una hipérbole llena de acción y entretenimiento, pero que también es un recordatorio de nuestra dependencia de los combustibles fósiles y que debemos trabajar para esquivar imprevistos.

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